Jesús Cepeda

La obra del escultor e imaginero Jesús Cepeda Conde (Sevilla, 1988), firmemente asentada en la tradición y los métodos de la escuela sevillana de escultura, es la del artista clásico por excelencia que lucha por asentar una personalidad diferenciada, pero evitando en todo momento cualquier inclinación por la extravagancia que distorsione el mensaje místico y contemplativo que debe ir siempre unido a la creación sacra. Lo suyo podríamos decir que es la apuesta por la innovación y el riesgo sin renunciar por ello a su condición de máximo celador de la herencia escultórica que ha hecho de la imaginería un fenómeno único de continuidad en el mundo del arte.

autor jesus cepeda

A juzgar por su evolución artística y por la ejemplar dedicación que presta a cada obra en su estudio de la calle Castellar, un lugar emblemático del casco histórico de Sevilla que ha sido y sigue siendo la factoría de muchos de los más reconocidos imagineros del país, podríamos catalogar a Jesús Cepeda en la línea de los artistas exigentes, con voluntad de autor y habilidad para afrontar cualquier encargo con el mayor rigor y puntualidad. No en vano, pese a su juventud, hablamos de un artista que abrió estudio propio nada más cumplir los dieciocho años de edad. Atesora, por tanto, una considerable experiencia, lo que unido a su carácter emprendedor y comprometido es garantía de un trabajo serio y a tiempo y, lo que es todavía mucho más importante, de un trabajo bien hecho.

Dejando patente su fidelidad por los grandes maestros sin desdeñar un interés por los nuevos lenguajes estéticos como buen autor contemporáneo, la obra de Jesús Cepeda va asentando un estilo que mezcla muchos referentes anteriores aportando una visión sensible e intuitiva. Un estilo que casi podríamos calificar de ecléctico, que parte de las esencias sevillanas, a las que honra y hasta empodera al haber sido su experiencia vital con el patrimonio religioso de su ciudad natal el catalizador de su talento, pero que al mismo tiempo sabe adaptar a unas inquietudes personales que navegan entre el dinamismo berninesco, el paradigma rodiniano y los inclusivos prototipos de belleza actuales, por citar solo algunas influencias.

“El escultor saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista”

policromia

Las creaciones de este joven autor, que alcanzan ya varios puntos muy repartidos del territorio español, son el perfecto ejemplo de que la imaginería no es un límite ni un panorama de una sola dirección, sino un campo enriquecedor y abierto a todo el público, sea cual sea su credo, educación o procedencia, en el que sus artífices aún tienen mucho que decir. En el caso de Jesús Cepeda, los condicionamientos realistas que imperan en la imaginería desde el Siglo de Oro, presentes desde el primer momento en su trayectoria, se han ido matizando gracias a unos proyectos cada día más ambiciosos y arriesgados que retoman otros recursos estilísticos para conectar el ideal cristiano al espectador, todo ello fruto de su constante afán de superación.

Hablamos de esculturas despojadas de inútiles artificios para concentrarse en la dignidad que debe ser inseparable del arte religioso. Unas obras que, además, optan inteligentemente por potenciar la vertiente humana del icono divino a representar, otorgándole a ojos del espectador de hoy en día una fuerte capacidad de convicción. El mero hecho de entrar en el estudio de este escultor es sentir con familiaridad la visión de su mundo creativo y de sus arraigadas concepciones estéticas y religiosas, que, lejos de mostrar la imagen sagrada como un ídolo vacuo y superficial, la conciben como portadora de una gran carga emotiva que facilita la empatía entre las personas y Dios.

La tendencia que domina el discurso artístico de Jesús Cepeda es la de una imaginería de marcado cariz romántico, lo que en ningún caso debe tomarse como trasnochado, ya que otro de sus fines es recuperar la categoría académica de una rama de la escultura sacra que, junto a sus propósitos espirituales, lleva unidas una transmisión cultural y una ardua y compleja labor que han estado devaluadas durante demasiado tiempo por una crítica prejuiciosa y una producción mediocre y repetitiva. Y lo hace a través de imágenes estudiadas, de factura elegante, composiciones ambiciosas y amable acabado, que buscan las emociones de quienes se acercan a ellas y revitalizan el mensaje intemporal de las Escrituras.

Jesús Abades (Historiador)